jueves, 25 de abril de 2019

Ajedrez


Ajedrez en el aula

Marcos Veroes

Antiguamente conocido como Chaturanga, ha ido evolucionando con el paso del tiempo hasta llegar a lo que conocemos hoy en día. Su origen está relacionado con el principio de las sociedades pero la leyenda más popular es que un rey tras haber perdido a su único hijo en batalla es embargado por el dolor y la desesperanza. Se organiza entonces un concurso para alentar al monarca a ser quien antes fue. Muchos intentaron sin éxito lograr su cometido hasta que un hombre humilde entre los humildes, acongojado por el dolor de su señor le propone un divertimento que se trata de la simulación de una batalla y en el cual surge un vencedor. La atención del rey es cautivada por este dinámico juego donde en efecto, se ponen en práctica la táctica, la estrategia, las celadas y las simulaciones para lograr el propósito final: doblegar al bando opuesto. La historia continua con una recompensa y la contrapropuesta matemática, sustentada en una progresión con la utilización del tablero mismo que resulta impagable. Es esta la historia según la cual el ajedrez nace entre nosotros para quedarse. Vamos con un dato curioso para los hispanohablantes pues uno de los primeros tratados publicados en español de este juego es realizado por allá por 1561, tanto así, que una de las aperturas más conocidas hoy día lleva su nombre Ruy López quien fue un monje aficionado al ajedrez que dejó su impronta en la historia de este deporte.

Muchas son las herramientas que se señalan como útiles para el desarrollo cognitivo del niño y niña en edad escolar pero ninguna es tan respetada y temida como el ajedrez. Respetada porque sin discusiones se reconocen las ventajas y propiedades de su práctica (en algunos casos mitologizadas); temido por su sencillez y su complejidad a un mismo tiempo pero aún más por su absoluto desconocimiento por parte de quienes están llamados a proponerlo y difundirlo dentro y fuera de nuestros centros educativos. Desde hace mucho se habla del ajedrez en la escuela pero no es hasta el año 2005 que se orienta su enseñanza a través de la resolución N° 33 del 25 de abril de 2005 y que es publicada en la Gaceta Oficial N° 38.172 pero como suele ocurrir con muchos decretos emanados por el ejecutivo nacional quedan en un olvido que se cumple de manera aleatoria en uno que otro lugar mas por el interés individual que por el justo cumplimiento de las orientaciones emanadas del ente rector de la educación nacional. Reitero, uno de los motivos de este cierto abandono por parte de maestras y maestros de aula se origina en su total desconocimiento. Es acá donde las palabras del maestro Simón Rodríguez tienen una resonancia abismal al afirmar: “Es obra de misericordia enseñar al que no sabe, pero no por cumplir con ella se ha de poner a enseñar el que no sepa para sí”.
Una de las bisagras de la enseñanza del ajedrez estriba en que nuestras maestras y maestros de aula deben ser practicantes de esta disciplina deportiva y sentir pasión por el juego, de otra manera no se contará con la chispa contagiante para encender en otros la llamarada arrasadora. Trabajar lengua, historia, matemáticas, geometría, idiomas, ciencias desde y con el ajedrez es posible, ya se ha ensayado en algunos lugares. Ahora mismo por ejemplo en algunas provincias de Argentina, de Cuba o España se está implantando el ajedrez como actividad obligatoria de aula. Con esto queremos decir que no se trata de un “capricho socialista-bolivariano por querer entubar la vida deportiva de los escolares de la nación”. La resolución a la que hacemos referencia en líneas anteriores se crea a partir de la evidencia ante las bondades de su práctica.

No obstante, la masificación del ajedrez sigue a la espera, es lo más parecido a eso de nadar río arriba. En nuestro país hay buenos ajedrecistas, uno de ellos es Eduardo Yturrizaga Bonelli, de Aragua, es uno de los cinco mejores de suramérica, ganador de varios torneos internacionales (este año se acreditó el abierto de Portugal) pero nada de cobertura por parte de los medios o redes. Ello nos hace pensar que no se trata de un trabajo solamente de la escuela sino de un equipo multidisciplinario entregado a ello. En un intento por dar respuesta a esta suerte de invisibilización de esta disciplina deportiva esbozaré algunos de los argumentos con los cuales nos hemos encontrado en el territorio. Para empezar, se han creado falsos mitos de los cuales nombraremos solo tres: 1) en primer lugar hay una engañosa paradoja a su alrededor pues se piensa ingenuamente que por ser un juego aporta poco al carácter, no fortalece los valores o a la personalidad de niños, niñas y adolescentes; pero a la vez se se le mira como una disciplina en extremo difícil por la diversidad de movimientos que tienen las piezas, por las reglas que suelen ser desconocidas más por la falta de práctica que por cualquier otra circunstancia; 2) se le asocia a ser un deporte para hombres, cosa que es un error atávico desde todo punto de vista, en Ucrania a las chicas se les obsequia un tablero de ajedrez como acto simbólico de bienvenida a la adolescencia; y 3) se le ve como una representación de la guerra pero sin sangre, como dice Leontxo García el más grande promotor del ajedrez en España. Ante lo que argumento que los videojuegos si que de verdad son explícitamente sangrientos y guerreristas. Lo más abrumador en este caso es que más de una madre o padre ven con indiferencia que sus hijos jueguen una y otra vez simulaciones de muertes, homicidios y asesinatos como algo natural y hasta necesario.

Hay quien siempre llegue a la temeridad de condenar el juego que tiene más de 25 siglos de existencia por el sólo hecho de que el peón es la pieza del ajedrez más numerosa, de menor valor y a la vez como que la más prescindible (obviamente nunca se ha sentado a un lado del tablero para argumentar la importancia de esta pieza dentro de las 64 casillas). No hace mucho leía las significaciones de las piezas del ajedrez y me asombraba saber que por ser la única pieza del tablero que tiene la capacidad de promocionarse en otra pieza, puede también interpretarse que se transforma, en consecuencia se metamorfosea, trasciende a otro plano dentro del tablero mismo. Si esto no es metafísica pura explicada con la acción de llegar a la octava fila para “convertirse” (encarnarse dirían algunos) en otra de las piezas del tablero, excepto el rey por su puesto, entonces no sé qué es. De allí que el valor de esta pieza aún cuando sea equivalente a uno, no ocurre así en lo simbólico (carente del plusvalor, según el marxista ortodoxo). Cuando un jugador, en los momentos finales de un partido está con tan sólo un caballito y ve caer su último peón sabe que las posibilidades de triunfar disminuyen a cero y por tanto deberá resignarse con un empate.

Para finalizar esta breve nota, esbocemos algunas recomendaciones tanto para docentes como para estudiantes que se inician en la práctica del ajedrez: lo más recomendable, desde nuestro modesto punto de vista es asumir el juego como eso, un juego, donde se desarrolla la memoria, la capacidad de anticipación y el desarrollo del pensamiento abstracto, entre otros. En segundo lugar, dejar a un lado el miedo a perder, ya lo dice el Gran Maestro Anatholi Karpov: “La amenaza de la derrota es peor que la derrota misma”, en especial en estos tiempos de principio de siglo XXI en los cuales niños que oscilan entre los 12 y los 16 años años de edad sorprenden a Grandes Maestros del circuito profesional (pongo por ejemplo a la sensación de la actualidad, al adolescente iraní de 15 años de edad Alireza Firouzja; pero también están Vincent Keymer de Alemania con 14 años), Rameshbabu Praggnanandhaa (de la India con 13 años) o Dommaraju Gukesh (quien se ha hecho Gran Maestro a los 12 años con 7 meses y 17 días), así que perder es un mal menor e inevitable siempre y cuando tus aspiraciones personales no sean convertirte en Gran Maestro y eso es un asunto que debe tomarse en serio, tanto como cualquier profesión universitaria. Pero volviendo a lo nuestro, un tercer detalle es que el ajedrez debe verse como ese mundo infinito en el cual nuestra mente se enfrenta a retos para encontrar soluciones a problemas que obviamente tienen solución, es decir, es el ingenio humano, el esfuerzo y la constancia capaces de superar las dificultades propuestas dejándole ningún espacio al azar.


martes, 23 de abril de 2019

Día internacional del libro


El libro sigue allí
Marcos Veroes

A propósito de la celebración del día Internacional del Libro, el idioma, la lectura y el derecho de autor, realizaré cuatro consideraciones que me parecen propicias recordar y traer a colación en dicha fecha. Partamos entonces con las formalidades reservadas para estos casos.
La primera consideración es que desde 1995 asistimos a la celebración del día del Libro. Esto con el ánimo de promover el hábito de la lectura en las personas tiene un origen algo extraño, pues según la historiografía, en el año de 1616 fallecían el genio español Miguel de Cervantes, el portento de la dramaturgia William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega cuyo nombre en realidad era Gómez Suarez de Figueroa (hoy en día lo veríamos como una versión anticipada de un decadente Mario Vargas LLosa). Se trata de una manera extraña de hacer coincidir en un mismo día y el mismo año el deceso de tres escritores de distintas nacionalidades para reblandecer sentimentalidades poco educadas para ,a partir de allí, promover el hábito de la lectura y por extensión la venta de libros. No es extraño entonces suponer, desde la manía conspiranoica, de que esta festividad o celebración haya sido diseñada, aupada, propuesta y ejecutada por un grupo de editores como estrategia de mercadeo.

Pues bien, la celebración ya está hecha y como estos detalles dan para mucho, paso a la siguiente consideración. En estas apartadas regiones equinocciales, hombres como el maestro Samuel Qüenza han dedicado buena parte de su vida a la realización de libros de textos para que el acto de impartir formación sea un acto más provechoso tanto para el aprendiz como para el docente. Esta labor se ha iniciado desde las aulas hasta los talleres de impresión del Instituto de pedagogía rural de El Mácaro y desde allí, por allá por los míticos años ochentas y noventas, viene haciendo su labor de náufrago solitario pero que se proyecta en el tiempo y en quienes han trabajado con el profesor Qüenza y cobra vida en un ejercicio que hoy vemos en los libros de la Colección Bicentenario. Vaya nuestro tributo al maestro.
Así llegamos a nuestro tercer punto: Los libros de la Coleccción Bicentenario se trata de una política pública que nace a partir de la iniciativa del presidente Hugo Chavéz por democratizar la educación y acercarla a la gratuidad. En el año de 2011se inicia la distribución de estos libros de textos cuya particularidad es que estaban hechos por docentes venezolanos para las y los estudiantes del sistema educativo venezolano. Para esta fecha ya se han distribuido más de 30 millones de estos libros y en cada hogar, en cada biblioteca escolar la presencia de esta colección se destaca.
Aunque es oportuno indicar, en un acto autorreflexivo claro está, que es necesario fomentar su uso más allá de lo realizado hasta ahora puesto que ha sido condenado, satanizado e incluso censurado por algunos docentes ya que según ellos, ideologiza a los estudiantes, ante lo cual nos preguntamos ¿y es que acaso los libros de las editoriales privadas no ideologizan? Ejemplos hay bastantes de algunas editoriales que incluso fomentan el endorracismo, pero este es tema de otro costal. A pesar de las críticas mal intensionadas y las campañas de desacreditación la Colección Bicentenario se ha ido superando a sí misma y ha perdurado en el tiempo lo que significa ya de por sí una cuota de éxito importante.

Sin embargo, es importante superar algunas prácticas que afloran en las sociedades capitalistas y que se manifiesta en actitudes como el acto posesivo de hacerse de dichos textos con el solo fin de acumularlos por acumularlos, pues su uso deviene en la nulidad absoluta “porque como el niño o la niña ya pasó de grado...” como si su valor monetario se incrementase con el paso de los años, no. Se trata de un texto pensado, realizado y destinado a la población estudiantil y para tal fin debe ser aprovechado como recurso, su mejor destino sería estar siempre en las manos de algún estudiante. Es al fin y al cabo una inversión realizada por el Estado que termina ocupando un espacio en los anaqueles familiares, en el más optimista de los casos, porque en otros termina siendo el libro de las mutilaciones de donde se extraen las imágenes que agregaremos en nuestros trabajos o carteleras, hasta el momento en el cual pasa a engrosar el desperdicio que se genera o acumula en casa, triste final para un libro.
El tiempo, como el agua bajo el puente, ha pasado. Algunos de nuestros maestros y profesores la usan otros por el contrario niegan su existencia y continúan apegados a textos cuya tendencia es opuesta a lo que somos como personas, como pueblo y como sociedad.

Una cuarta consideración es que el libro ha sobrevivido a mil batallas y todavía está allí. Desde sus inicios se le ha condenado a muerte pues es transmisor de ideas que contaminan el espíritu con eso de la libertad, el amor, la esperanza. Con la aparición de la prensa diaria se pensó que moriría pero la batalla ya sabemos quien la ganó. Cuando el arte teatral cobró auge como mecanismo de comunicación se pensó que los días finales del libro estaban escritos pero tal como ocurre en algunas reediciones, la vida del libro fue ampliada. Luego con la aparición de la radio el vaticinio fue relanzado y hoy en día los radioescuchas son una especie rara. Más tarde con la aparición del cinematógrafo, de nuevo, los oráculos gritaron a los cuatro vientos que la muerte del libro sería pronto, pero ocurrió un fenómeno extraño por no decir asombroso, el libro es el gran inspirador o la fuente interminable de las grandes producciones del mundo del cine. Con la llegada de la era digital de nuevo los gritos han sido ensordecedores pero el libro seguirá allí, enfrentando tiempos imprevisibles pero tan vivo como siempre, a pesar de que le hayan decretado la muerte en infinidad de ocasiones.